Meditación de la Semana.
Domingo 15 del tiempo Ordinario
Divino sembrador, Jesús, sal a sembrar.
No dejes de sembrar tu Palabra en mi pobre tierra.
Tu Palabra que renueva y actualiza mi vida.
Envía la lluvia, temprana y tardía, de tu Espíritu,
que me empape para poder hacer germinar tu semilla.
Sal a sembrar, Jesús, divino sembrador, siembra en mí, que soy tu campo. Prepara tú el terreno, límpialo de maleza y piedras, allana los terrones y esparce a voleo las semillas con tus generosas manos.
Sal a sembrar, aunque mi campo sea duro como la tierra del camino, aunque te acoja con piedras y malas hierbas. Pero que no me falte tu semilla.
Confía Señor, como el sembrador, pues siempre habrá buena tierra en mí, poca o mucha, donde sembrar tu Palabra.
Sabes que a veces soy sordo y ciego para sentir tu amor desbordante.
No permitas que se me endurezca el corazón como camino pisado, incapaz de acoger tu semilla, que otros amores no impidan su crecimiento.
Haz de mí una tierra fértil en la que dé fruto abundante la semilla de tu Reino. Amén